El ecumenismo continúa siendo una tarea pendiente para la unidad de las Iglesias cristianas. Tras casi mil años de separación entre la Iglesia de Roma y la Ortodoxa, y medio milenio de la Reforma protestante, el camino del diálogo sigue pareciéndose al de Babel. La vuelta a los inicios del cristianismo y la descentralización romana continua siendo hoy una quimera.

Inauguración del Consejo Mundial de las Iglesias en 1948, Amsterdam // www.wcc-assembly.info
Fue el Concilio Vaticano II el que impulsó con mayor vigor el ecumenismo; un esfuerzo por encontrar vías de comunión, que nace como respuesta a la división de los seguidores de Jesucristo en distintas Iglesias cristianas. En los albores del cristianismo el pluralismo eclesial era una constante, que quedaba materializado en cinco patriarcados: Jerusalén, Antioquia Alejandría, Constantinopla y Roma. Sin embargo, la uniformidad llegaría con el patriarca Gelasio (siglo V), quien se autoproclama papa en el cristianismo. A partir de ahí, la vida intraeclesial se ha visto perjudicada por la sombra del poder.
El decreto del Vaticano II, Unitatis Redintegratio, se siente interpelado ante esta separación, que “repugna a la voluntad de Cristo y es piedra de escándalo y obstáculo para la causa de la difusión del Evangelio por todo el mundo”. Así pues, desde hace medio siglo la Iglesia de Roma cree que la unidad es ineludible, ya que “Jesucristo quiere que todos seamos uno y que haya un solo Pastor y un solo Rebaño”, según se afirma en el documento conciliar. Los cismas que el cristianismo ha sufrido a lo largo de la historia, afectan hoy estadisticamente de la siguiente forma: de unos dos mil millones de cristianos, 1.100 son católicos; unos 350 son ortodoxos (separados en el siglo XI) y unos 600 pertenecen a las Iglesia nacidas de la Reforma Protestante (siglo XVI), que hoy representa la Comunión Anglicana y las Iglesias Evangélicas.
Avances ecuménicos
La Unitatis redintegratio, apunta las seis rutas más esenciales para que las Iglesias emprendan el camino del ecumenismo: 1.- Las reformas de la Iglesias (entendida en teología como ecclesia semper reformanda); 2.- La conversión del corazón; 3.- La oración constante y unánime; 4.- El conocimiento mutuo de los hermanos; 5.- La formación ecuménica; 6.- La cooperación entre los hermanos cristianos. Tras casi cinco décadas de este esperanzador documento, ¿se ha trabajado adecuadamente?
En la Iglesia Católica, Juan XIII y Pablo VI son los que decidieron sentar los cimientos incipientes del diálogo. A partir de aquel momento, los subsiguientes sucesores de Pedro, eran los que tendrían que levantarse las mangas y ponerse a trabajar. Sin ir más lejos, el 24 de abril de 2005, día en el que comenzó el liderazgo católico de Ratzinger, el nuevo papa señalaba a la unidad de los cristianos como la verdadera prioridad de su servicio. Y, en otras ocasiones, el alemán ha calificado al ecumenismo como “compromiso prioritario, ambición y acuciante deber”.

Acuerdos de la Declaración de la Justificación por la fe entre Edward Cassidy (luterano) y Christian Krause (católico), en Ausburgo, 1999 // www.christusrex.org
En efecto, en los últimos años, hay muestras inequívocas del avance ecuménico: las declaraciones conjuntas del Papa con el Patriarca de Constantinopla, con el Arzobispo de Canterbury, con el Arzobispo ortodoxo de Grecia y con el Arzobispo ortodoxo de Chipre; la reanudación de los trabajos de la Comisión Mixta Internacional ortodoxo-católica (especialmente, en su reunión de Rávena y la declaración aprobada de forma conjunta); la aceptación del Consejo Mundial Metodista de la declaración conjunta sobre la doctrina de la Justificación; un documento católico-anglicano sobre el papel de María; las celebraciones de la III Asamblea Ecuménico Europea en la ciudad rumana de Sibiu; y la Asamblea Plenaria del Consejo Mundial de Iglesias, desarrollada en Porto Alegre (Brasil).
En estos encuentros se ha podido ver que el diálogo ecuménico entre los católicos y las Iglesias Ortodoxas es menos arduo, ya que la distinta concepción del Primado o sucesión de Pedro es la diferencia más importante que los separa. Tampoco se puede decir que el diálogo entre católicos y anglicanos haya sido difícil. Eso sí, hasta el verano de 2008, en la Conferencia de Lambeth, puesto que ahí la Iglesia de Inglaterra decidió dar un paso progresista. A ellos les ha alejado de los católicos cuestiones sobre bioética, decisiones como el sacerdocio de la mujer y la legitimación de la homosexualidad. Estos temas han sido la causa de la división interna en el seno del anglicanismo. Por ello, el pasado mes, un grupo de 4.000 anglicanos conservadores decidieron separarse de su Iglesia y unirse a la Católica.
Hacer un análisis sobre los avances ecuménicos dentro de la Iglesias cristianas evangélicas es mucho más complicado de dictaminar. A nivel local, se organizan numerosos encuentros locales de oración ecuménica. Pero debido a las diversas denominaciones, el diálogo es mucho más dificultoso. De modo general, sólo se puede apreciar que las relaciones entre luteranos y católicos son cada vez más cómodas por el reconocimiento de la doctrina de la Justificación, por parte de la Iglesia de Roma.
En España, la Alianza Evangélica de Iglesias Cristianas y la FEREDE son los dos organismos que velan por la unidad. Por poner un ejemplo, FEREDE aglutina a unas 2.200 congregaciones ligadas a la Reforma protestante, entre ellas la Iglesia Evangélica Española, La Iglesia luterana, la Iglesia de Filadelfia, la Comunión Anglicana, los Pentecostales, los Bautistas, los Presbiterianos, Asamblea de Hermanos, Asambleas de Dios y los Metodistas.
Obstáculos ecuménicos
A pesar de las, cada vez, mejores relaciones entre católicos y ortodoxos, Benedicto XVI ha dejado entrever lo difícil que es llegar a un acuerdo definitivo. Hace tan sólo tres años, llegó a manifestar “la dificultad de encontrar una concepción común sobre la relación entre el Evangelio y la Iglesia, sobre el misterio de la Iglesia y de su unidad y sobre la cuestión del ministerio en la Iglesia”.
Benedicto XVI argumentaba en su discurso al Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos en 2006 que habían “aparecido también nuevas dificultades en el campo ético, con la consecuencia de que las diferentes posiciones asumidas por las confesiones cristianas sobre las problemáticas actuales han limitado su capacidad de orientación de la opinión pública”.

Comunidad de Taizé, orando por la unidad de los cristianos
En los mismos términos desesperanzadores declaró Mariano Blázquez en el 2004, cuando ostentaba el cargo de secretario general de la FEREDE, espetando que “el ecumenismo está en horas bajas porque la jerarquía católica no quiere entablar un diálogo de iguales con el resto de confesiones cristianas”. Asimismo, Blázquez apuntó cómo los evangélicos estaban “interesados en mantener una relación institucional, pero la jerarquía católica no”.
Sin embargo, por aquellas fechas, un informe de la Conferencia Episcopal firmado por el responsable de Relaciones Interconfesionales del Episcopado, Ricardo Blázquez, señalaba: “en el último decenio, hemos experimentado signos de cansancio, de desilusión y de estancamiento. Algunos hablan incluso de crisis o de un invierno ecuménico”, aseveraba el informe.
José de Segovia, presidente de la Comisión de Teología de la Alianza Evangélica Española, ha manifestado sus reflexiones al asistir a un encuentro oficial entre la Alianza Evangélica Mundial y el Vaticano el pasado verano en Sao Paulo. Este pastor y teólogo madrileño cree que el “ecumenismo católico-evangélico es un diálogo de sordos”. Asimismo, critica que “cualquier apelación a la verdad que llena la Escritura tiene que ser sometida a lo que enseña la doctrina romana”. José de Segovia, cree que en el diálogo con Roma “es imposible introducir el elemento objetivo de crítica, valoración, discernimiento fuera de sus enseñanzas, traducciones, o interpretaciones”.
El diálogo ecuménico de hoy sigue estando debilitado. Si los cristianos del siglo XXI creen que Jesús fundó una sola Iglesia, las responsabilidad reclama la escapatoria de un laberinto en el que no se ven las puertas de salida y en el que cada uno habla en un idioma distinto. La vuelta a los inicios del cristianismo, la independencia y la unidad entre patriarcados, y la descentralización romana parecen ser hoy una quimera. Sólo nos queda la unidad en la oración, como diría el paradigmático Roger. Con ésta, la esperanza recobra sus fuerzas para atravesar el muro que separa a Babel de Pentecostés.
Weblografía: Consejo Mundial de Iglesias; La Santa Sede; FEREDE, Iglesia Ortodoxa Española; Iglesia Anglicana; ecumenismo.es; Comunidad de Taizé.
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Yo no creo en un ecumenismo en el que sólo la Iglesia Católica tiene que ceder espacios, porque eso no es ecumenismo, sino rectificar una posición equivocada. Me gustaría que alguna vez se escribiera un artículo con aquellas posiciones, en las iglesias separadas, que suponen un obstáculo al diáologo, porque me cuesta creer que todas las piedras en el camino las haya puesto la Iglesia Romana.
La realidad es que Cristo si fundó una sola iglesia, y esta guardaba los mandamientos de Dios incluso adoraba en el sábado como sabemos y hoy todavia queda la descendencia de esta iglesia y que por muchos concilios ecumenicos que se hagan si no se estudia esta parte siempre habra dificultad, porque existimos personas que deseamos ser salvas al retorno de nuestro amado Jesús y no estariamos dispuestos a cambiar lo que él estableció por lo que implanta la iglesia; de lo contrario no obtendremos la salvación anhelada. Dios nos bendiga