Biología celular para saber cuándo hay vida humana

La polémica que gira en torno a la Ley Voluntaria del embarazo del pasado 17 de diciembre ya no está en el congreso. Ahora está en las calles y en los pasillos de los hospitales. Se intensifica eldebate social debido a la posibilidad  del  aborto  libre  durante las  primeras  catorce  semanas  de  gestación . La cuestion está en determinar  a partir de cuándo se origina la vida humana

¿Puede la biomedicina dar respuestas a la problemática del origen de la vida?

 El interrogante que viaja por la mente de cualquier mujer que se plantea el aborto es la cuestión de en qué momento el cigoto es un ser humano. Si la ciencia lanzara una respuesta sin titubeos, la incertidumbre de la madre quedaría más aplacada. Pero no es así, y hasta que los científicos no formen un concilio y alcen su voz al unísono, la disonancia social seguirá siendo tan patente como las posturas enfrentadas en la esfera científica.

     Scout F. Gilbert, uno los pesos más pesados en la bioética internacional, en su reciente libro Developmental biology, echa fuera del conocimiento científico el balón de la problemática sobre el origen de la vida humana. En consecuencia, no correspondería estrictamente a la ciencia determinar el marco y origen de la vida humana, sino que dependiendo de la visión antropológica de cada científico se presentaría de un modo u otro una definición acerca del ser humano y su origen.

     En su obra, Gilbert esboza todas las posturas científicas que ante este problemática se puede conjeturar. De una ladera, están aquellos que son más reticentes al aborto y conservan: una visión metabólica, que muestran su respeto al espermatozoide y al óvulo cuando están separados; una visión genética, que sostiene que la vida humana se origina en el momento en el que se fecundan los gametos; una visión embriológica, que defiende el origen de la vida humana, en torno al día duodécimo (gastrulación) a partir del cual el zigoto ya no puede dividirse en más de un ser distinto.

     Desde la otra orilla, las posturas más abiertas al aborto sostienen una visión neurológica, que sitúa el comienzo de la vida humana cuando existe una actividad cerebral, alrededor de la vigésimo séptima semana; una visión ecológica, que considera humano al ser que vive de forma separada del vientre materno; una visión inmunológica, que afirma la existencia humana en el nacimiento cuando el organismo reconoce moléculas propias; o una visión fisiológica integrada, que define a ser humano en el momento en el que el feto se ha convertido en un ente independiente de la madre y posee su propio sistema circulatorio, alimentario y respiratorio.

     En España, para la elaboración del Anteproyecto de Ley se ha profundizado en estas consideraciones, teniendo como especial horizonte el momento en el que el nuevo ser gestante sufriría dolor en la práctica del aborto. Ahora el debate ha pasado del Congreso a las calles y a los pasillos de los hospitales. De telón de fondo se ha dado un acentuado relativismo, al estilo de Scout F. Gilbert, ante la cuestión del origen de la vida humana. El estudio de este científico no es impermeable al resto de la sociedad y parece que a la Biología Celular no le corresponde ya determinar el origen del ser humano.  Por ello se recurre a la utilización de eufemismos como preembrión e interrupción voluntaria del embarazo, y a visiones antropológicas que no están cimentadas en la genética. Así, se instrumentaliza un asunto que, según intereses arbitrarios de colectivos muy específicos, presume hoy de demasiados interrogantes como para despacharlo desde afluentes extracientíficas.

     Hasta el momento, que sepamos es a la Biología celular la que tiene que hablar en los areópagos de hoy y decir si los seres pluricelulares se constituyen a partir de una única célula inicial. Y parece que a esta célula se le ha dado nombre de cigoto, en cuyo núcleo se encuentra toda la información genética del nuevo ser gestante. Por tanto, sería el cigoto  la primera realidad corporal resultante tras la fusión de los núcleos gaméticos y, en él, residirían las moléculas de ADN.

     En este sentido, que las investigaciones biomédicas fragmenten el proceso de gestación del nuevo ser en la etapa embrionaria, fetal y postnatal, no significa que el propio cigoto forme parte de un órgano de la madre, aunque en algún momento del proceso dependa de ella para su propio desarrollo. Una vez cimentado el terreno, es cuando podemos incluir en nuestra reflexión distintas consideraciones antropológicas, psicológicas, jurídicas, religiosas y sociológicas. Pero todas ellas, convergerían en una consecuencia común a la definición del origen del hombre asentada en la Biología celular. Si esta disciplina abriera paradigmas de nuesvas conclusiones en el campo de la investigación, es entonces cuando tendríamos que plantearnos la reforma de las leyes que versen sobre la manipulación genética y el aborto.

     Por todos estos argumentos, tratados aquí sucintamente, la práctica de un aborto y la manipulación de embriones no consistiría en investigar o bloquear un órgano específico de la mujer, sino que sería un acto violento que aniquilase la vida de un ser humano. En  su caso, el aborto va más allá del mero fratricidio: es la interrupción de la vida del propio hijo.

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