El neoaltruismo

Arte que aquilata la industria del egoísmo 

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            Los jóvenes enérgicos que aspiramos a una radical transformación de nuestro entorno compartimos una característica común; minusvalorar a aquellos que nos preceden. La audacia de nuestra virtud consiste en, como Nietzsche, derrocar los valores heredados por nuestros padres. Indudablemente, ¡estos no son más que contracultura!       

         Ciertamente, no podemos valorar positivamente aspectos que nos deprimen y que sucumben en la desesperación. Ante la acerada crisis económica sólo cabe una pregunta a nuestros veteranos: ¿qué habéis hecho?; ¿qué panorama nos habéis fraguado?; ¿desempleo y recesión es aquello que vamos a heredar de vosotros? Sin ir más lejos, en los primeros días del segundo cuatrimestre, esta incertidumbre se escenificaba en un profesor de la Universidad vaticinando a su alumnado un paisaje laboral abismalmente desolador.

                  Pero, en cualquier caso, este subversivo grito no traza ninguna solución. Va siendo hora de abandonar las quejas apesadumbradas y examinarnos a nosotros mismos. Y mirando la aguzada viga de nuestro ojo, reflexionar qué hacer por nosotros y por los demás. La paradoja del hombre de nuestro siglo reside en que, mientras disfrutamos de mayores libertades sociales y económicas, y de cuantiosos logros tecnológicos, hemos construido un horizonte donde el narcisismo dicta en un alma sedienta de esperanza.

                  El pasado sábado tuve la oportunidad de visitar una ciudad que conserva en su corazón dos enormes industrias dedicadas a la producción altruista. En Ciempozuelos podemos encontrar una de las grandes multinacionales, demandadas por unos clientes que pasan muy desapercibidos por las grandes industrias en general; y por el ciudadano occidental en particular.

                El Centro San Juan de Dios, alentado bajo el calor espiritual de su fundador y de Benito Menni, no encuentra mucha competencia en el sector asistencial sanitario para pacientes con afecciones psíquicas. La ingente labor de la Orden Hospitalaria y de sus trabajadores y colaboradores contribuye con la acogida de 2000 personas que padecen esta minusvalía en dos centros equipados de calidad técnica y espiritual.

                  Un paseo por Ciempozuelos es toda una lección para las ciudades del siglo XXI, llenas de ruidos y masificación comercial, donde los rostros humanos acaban petrificándose. En esta ciudad, la solidaridad es una bandera que imprime un significado carente de parangón. Contemplar la estampa de un vecino saludando a un disminuido que ha salido a pasear es una reflexión visual, que pocas palabras podrían definir a un monumento de tan gigantesca belleza.

                 Desde el pasado sábado en mi corazón reverbera un eco que advierte que en la actualidad se necesitan muchas personas e industrias que potencien el arte del altruismo. Cuando camino por el centro de Madrid, observando la soledad de sus metros y de sus espaciosas avenidas, ratifico que he de profundizar y trabajar esta técnica artística junto con mis coetáneos. Los jóvenes hemos de rechazar aquello que dificulte la construcción del andamiaje de nuestra sociedad, pero conservar los buenos valores que han sido adalides de la historia de la humanidad. El pasado sábado aposté por una corriente artística y una empresa cuya producción creativa nunca ha de cesar. El neoaltruismo es el único movimiento llamado a ser vanguardista; es la puerta que inexorablemente flanquea la felicidad.  

2 comentarios

  1. Está bien que desde tu blog hables de estas cosas. Visto que a los universitarios de ahora les preocupa más aprobar que saber. Recomiendo una pequeña biografía de San Juan de Dios escrita por un sabio del siglo XXI, de los pocos que nos quedan en España: Francisco Ayala. Un abrazo y a seguir cargando de espiritualidad tu blog.

  2. Placa, placa! por toda la boca! menuda lección de humanismo. Enhorabuena por anteponer el “otro” frente al “yo” en este post. Como dices, uno de los pocos caminos factibles para alcanzar la felicidad a pesar de lo difícil que resulta recorrerlo, ¿verdad?

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