¿Por qué la izquierda no repudia el aborto?

Estos últimos días la polémica del aborto se escenifica de modo absoluto. Mientras que ayer observabamos que los medios de comunicación denunciaban las palabras de Cañizares y, a modo de contraataque, hoy contemplamos al PP desenvainar su espada para defender al cardenal;  la semana pasada se abría esta porfía de manera más sagaz en la facultad americana de  Notre Dame, como muestra el video de abajo. La exclusiva pregunta que cabría en una sociedad tan desarrollada como la nuestra busca hallar por qué no se inicia un diálogo que modere cualquier impulsividad entre ambas posiciones:  ¿Por qué ese derroche de vehemencia en un debate que no va más allá de imperecederas posturas irreconciliables?

              En una civilización que se vanagloria de ser el ideal de Estado que garantiza derechos como el de la libertad, la igualdad o la solidaridad, es insentato ejercitarse en el sórdido exterminio de la palabra. Las constituciones occidentales que abogaron por el progreso humano  han de ser interiorizadas tanto por los representantes como por los ciudadanos de la sociedad. Todo aquel que no presuma de dialogar y conciliar ideas, para que el hombre continúe edificando su andamiaje, está abocado a esa autoalienación humana, que Nietzche no se cansa de exhortar en su nihilismo activo.

              Entretanto, como dirían los clásicos presocraticos y, hasta el mismo Silvio Rodriguez; “el tiempo pasa, nos vamos haciendo viejos”. Y de este modo, no nos enfretamos a la faz verdadera del problema. Y para elucidar la cuestión, ni siquiera sería necesario ir a la esencia de las cosas, viajar a la causa primera de todas nuestras voluptuosidades o desencantos. Es decir, que no sería ineluctible desempolvar el capítulo cuarto del libro duodécimo de Metafísica, donde Aristóteles hace un llamamiento humano a resolver cualquier problema desde la “causa primera de todas las cosas”, que es “la esencia eterna”.

               La biología nos ilustra al respecto, argumentando que la célula resultante de la concepción anexiona combinaciones genéticas propias. En este sentido, el embrión está lleno de vida pero, en contra de lo que podría pensar Bibiana Aído, de vida genética humana. De este modo, si el proyecto de ley se impone en nuestra sociedad, la aniquilación del inocente seguiría estando garantizada, ya que el mayor o menor tamaño del embrión no delimita la dimensión de la pérdida humana.

              En estos últimos días algunos socialistas han enarbolado lo siguiente: “rechazamos el aborto porque somos de izquierda”. De modo inaudito decían que era “pseudoprogre” defender el aborto. Inaudito porque esto no corresponde con el clamor popular tanto de la izquierda nacional como de la  supranacional. Si definimos como progreso a la “acción de ir hacia adelante”, si la idea de progreso cree haber  luchado siempre en pro de la dignidad de la persona (art. 10 CE), ¿por qué  se cataloga de progresista la defensa del aborto?; ¿no seremos más progresistas aquellos que lo repudiamos? El corazón del género humano necesita ser salvado desde todos los ángulos de sus dramas. En consecuencia, terminamos el artículo desde la misma incognita que se expone en el título del mismo, ya que es demasiado dificultoso hacer un ejercicio intelectual que justifique  la exculpación de esta atávica lacra.

 

Luz verde para un coche sin gasolinas

El PSOE rectifica y se autocorrige el exámen de Económicas

Los socialistas dan marcha atrássurtidor-de-gasolina, y sus propuestas quedan salvadas, pero descafeinadas y desdibujadas. El PP votó con -¿sus  nuevos amigos?- CIU y PNV. Pero el PSOE dice “ganar” al pactar con grupos pequeños izquierdistas -¿del mismo perfil ideológico?- Finalmente, no queda abierto el tope para la deducción de vivienda, ni hay cifra concreta para las ayudas automovilísticas, ni ordenadores que prometan Sobresaliente a aquellos alevines que lo utilicen.

               ¿Por qué no ha encontrado apoyo en PNV y CIU? Mientras los primeros tienen motivos tan evidentes que no necesitan ser explicados, los segundos sigue manteniendo un divorcio con el gobierno español que va adquiriendo dimensiones sempiternas. Para ello, el PSOE debería haber fraguado un discurso “menos centralista” y, por ende, “menos anticatalanistas”, dejando mayor cobertura a la política aeroportuaria, independentista y financiera de los catalanes. Así de abiertamente lo manifestaba  Joan Tardà de CIU en 24 horas de RNE.

                No sabemos si el encuentro de ayer sirvió para que florecieran nuevos amores en el hemiciclo. Eso está por ver, tanto por parte tanto de los que ocupan las sillas azules como la de sus opositores. Lo que sí parece irrefutable es que el gobierno ha dado luz verde a un vehículo que no le queda ya ni una gota de combustible. La embestida del que viene por atrás puede ser frustrantemente colosal. Tras una semana en búsqueda de petróleo en un cálido desierto, seguimos estacionados en medio de la pista del circuito. ¿Para qué entonces el debate? Puede que nuestro Presidente se fuera anoche a la cama haciéndose la misma pregunta.  

Medidas y quejas sin respuesta

La ciudadanía sigue esperando un debate con soluciones

Estado de la naciónMientras en estos dos días se debate en el areópago de los insultos y, entre descanso y descanso, los diputados seguirán tomando café por menos de un euro en el Parlamento; 14.000 ciudadanos más se habrán sumado a la cola del INEM. Ningún político ha salido de San Jerónimos habiendo envuelto el paquete de medidas estructurales necesarias para salir de la crisis. ¿Qué nos respondería un diputado si a la salida del hemiciclo le preguntáramos cómo aminorar el desempleo y, por ende, crear más puestos de trabajo? Tras el vehemente debate de ayer, la respuesta es intuida: no sabe, no contesta.  La irreflexión política es un plus añadido a la tristeza de la ciudadanía. ¿Quién cree que las circunstancias mejorarán a partir del debate de estos días? Tanto el incremento del paro más alto que España ha sobrellevado sobre su historia, como la caída vertiginosa del PIB son síntomas que parecen eternizar nuestra “gripe E” -de “económica”-.

              A falta, no sólo de no conseguir los ingredientes sino de no saber la receta, el Gobierno, con pavorosa soledad parlamentaria, lanzó ayer 12 medidas que vienen a llenar la despensa de la cocina a un corto y lacónico plazo. Algunas de estas mesuras están pensadas para incentivar al consumidor en gastar y en no dilatar el nivel de sus compras.

                       Por un lado, los 2.000 euros de ayudas que recibirán aquellos que deseen comprarse un coche. Podríamos hablar de medida factible si no fuera por que esta disposición se topase con la competencia de las comunidades autónomas, que son, en última instancia, los organismos que asumen el cuerpo de esta decisión. Y, ¿quien va a adquirir un coche hasta que esta lúcida idea no quede materializada en los concesionarios de todas las Comunidades? 

              Otra cuestión a analizar es una estrategia política inédita para haber sido blandida en las filas socialistas: el descenso del 5% de impuestos de sociedades a las pymes, que afectará a aquellos que tengan menos de 25 empleados. Bien, pero corto; miramiento demasiado limitado. ¿Cómo financiar a aquellas compañías que cuentan con más de 25 trabajadores, si los clientes no consumen ahora lo suficiente? Si no se bajan los impuestos, al autónomo solo le queda una opción: recurrir a la fatídica lacra del despido. Esta es, por tanto, otra medida inefectiva comparándola con la enorme faz que a estas alturas presume la crisis.

               Sobre el problema de la vivienda, para que compremos pisos ahora, de inmediato y ya, Zapatero anunció buenas nuevas -¿para alguién?-. Más bien, lo contrario: se desgrava a menos españoles. ¡Impuestos por doquier! A partir de 2011 se podrá optar al actual límite de deducción fiscal de 9.015 euros en el IRPF por la compra de un piso, quienes perciban rentas menores de 17.000 euros anuales. Rajoy apunta, al respecto, que parece que es un ataque directo a la clase media, “dándole la puntilla”. Esta deducción fiscal se aplicaría a aquellos con un salario mensual menor de 1.416.66 euros. ¿Pero quién, con dicho salario, puede salir adelante y permitirse el lujo de un piso? Medida de humo.

               Otra pequeña iniciativa: dotar de pizarras electrónicas a más de 420.000 alumnos de 5º de primaria que estudian en centros públicos y concertados. Ni un segundo intencionalmente dedicado a Bolonia. Con ordenador portátil para todos, se subsanará el déficit de la deformación universitaria en España. Seguro que los PC conseguirán levantar los ánimos creativos y emprendedores de nuestros alevines.

               En el otro ala de la cancha, Mariano Rajoy. El jefe de la oposición, por su parte, con un tono efusivo, se limitó a “diagnosticar” y a proponer genéricamente una reforma laboral,  educativa y estructural. ¿Se esperaba este una actitud más reaccionaria del PSOE? ¿Le sorprendería, quizás, esas 12 medidas, ante las que enmudeció, no profundizando en ninguna de ellas? La responsabilidad de la oposición debería haberle obligado a aterrizar en lo concreto, dando soluciones para abordar el decrépito desempleo. Pero no fue así.

               Zapatero ha atendido parcialmente lo que, anteriormente, proponía la oposición. No sólo apoyará a los pequeños empresarios, sino que recortará el gasto de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) en mil millones de euros más. Pero esto no es necesario para luchar contra una crisis cada vez más aciaga.

               Tras la lluvia de medidas y quejas de unos y otros, la única conclusión que podemos sacar clarividente es que no hay respuestas al interrogante del para cuándo la salida del túnel. ¿Alguien sabe qué disposiciones reales adoptar? Al parecer, Aznar ha notificado ser poseedor de la receta en un sugerente ensayo. ¿Se lo habrá regalado a su correligionario?

               Ni Zapatero ni Rajoy vislumbran la antesala de la luz. Para afrontar la reforma del mercado laboral, la táctica socialista se esconde en el alarde de la sociedad del conocimiento y del I+D+i. Medicina Obamiana, infundada por este nigromante internacional, sí. Pero EEUU es distinto; allí no se desploman tantos ladrillos.

               La incansable problemática no se adereza en los vetustos discursos de nuestros políticos. Sabemos que la implantación del I+D+i tardará muchos años, como para que esta  genere dinamismo en nuestros bolsillos a corto plazo, suplantando ipso facto la política del ladrillo. El taumaturgo Obama sólo salva allí, puesto que la tierra prometida no está aquí. En definitiva, nada de soluciones. Sigamos proyectando esperanza, que seguro que todo se soluciona en unos meses. Si hombre, que te lo dice uno que entiende –azuzándote un golpecito en la espalda-. Dentro de poco, en cualquier Pleno de estos o Debates del Estado de la Nación. Ya lo verás…