“The divine assessment” or the divine assassination?

Irán revive la revolución del 68

Ahmadineyad ha catalogado el resultado de los comicios como “the divine assessment. Y no le falta razón. Que en la web de Mussavi aparezca, a las 23.00 horas el 12 de junio, que su partido reformista tiene el 65 % de los votos y que minutos después sea desmentido por un comunicado oficial del Ministerio del Interior, asegurando que el partido conservador ha conseguido el 69%, es, cuanto menos, no una valoración sospechosa, sino un hecho inusitadamente milagroso. Hoy domingo, el gobierno iraní ha fijado la cifra de un 63% de electores votantes del partido conservador.

                Ante esta facunda multiplicación de panes y peces, la reacción de la comunidad internacional no ha podido hacer otra cosa: Obama, H. Clinton y Solana, se han quedado absortos, llamando a la revisión de los sufragios; Chávez, HamásHizbulá y, suponemos que también, Kim Jong II se han unido para juntar sus copas y brindar por la supuesta victoria del superhombre. El temor de cualquier Zaratustra de pacotilla es que sus conciudadanos osen de emprender la peligrosa hazaña de to travel west.

             La democracia del west es como una serpiente venenosa que podría reavivar la energía insurrecta  del 60% de los estudiantes universitarios del país iraní, que son ya mujeres y reclaman un profundo cambio social sin paliativos. Pero sus líderes creen que el pernicioso sistema occidental podría aniquilar la esencia de la raza iraní. Por ello, cualquier Revolución Sexual, todavía incipiente en grupúsculos casi diáfanos de dicha sociedad oriental, ha de ser perseguido por los basiyis. Los Zaratustras del XXI creen que la senda reformista de Musavi es la fórmula más eficaz de perder el abundante petróleo, que puede seguir desafiando con virulencia y armamentos nucleares a la otra raza, a los del west. Razón suficiente como para insertar miedo en las mentes y en los corazones de la población: ¡hemos de advertir que Musavi no introduce progreso! Para ellos, el cambio social del reformista sería un indicador que anuncia el estacionamiento de Irán en la esfera internacional. Estarían sumisos a las hordas intelectuales y tecnócratas del west y, en consecuencia, gritarían desde el almenar de esas mezquitas tan alejadas del espíritu y la misión del Corán: ¡no podemos ser musulmanes tibios y convencionales!

               Las riendas de este mensaje han sido tan enérgicamente espoleadas que el brío del caballo le ha hecho galopar con una celeridad excesivamente demente, propia a la de cualquier ser no perteneciente a la raza humana. Dicha presteza se materializó este fin de semana, de forma inmediata, debido a la supresión de los soportes comunicativos de Musavi (su web y su presencia directa en internet). A este estigma hay que añadir la censura de entrevistas al partido opositor, restricción de libertades en los programas de televisión y, lo más deleznable, el cierre de tres periódicos de tendencias reformistas.

                Volvemos a revivir periodos que actualizan nuestra Década Ominosa. ¡¿Cuántos Larras estarán quedándose enmudecidos en Irán?! Ahmadineyad llama a la sublevación contra toda opresión externa; ¡se considera revolucionario! Historia vivida ya en nuestra España, tras el triunfo de los gloriosos revolucionarios de 1868, que nos rescatarían del terror absolutista ad eternum. Por extensión, el oligarca iraní viaja en la singladura de librar a su pueblo, ¿de un cesarismo parecido? El despotismo del west.

                Los caciques furtivos siguen repicando las campanas que alertan de opresión en el siglo XXI. Si Ahmadineyad se atreviera a leer la tercera parte de la obra de Stieg Larsson me gustaría situarme delante del dictador para observar sus expresiones faciales. Desconozco si el escritor y periodista sueco lograría convertir el alma medieval del oriental, pero si las neuronas del tirano le proporcionasen un mínimo de cordura, detectaría el mensaje subrepticio de la novela: hasta qué punto la violencia del estado y de las instituciones pueden alienar a sus mismos clientes, a sus ciudadanos, transformados en víctimas.

               Las revueltas que este fin de semana denuncian el “acto golpista” del fundamentalista, actualiza el hastío de una población que sale a la calle en el mayo del 68. Desde este fenómeno, pongamos de relieve la irreductibilidad humana que predica el existencialista. J. P. Sartre, que nos advierte: “soy responsable hasta de mi propio deseo de rehuir de las responsabilidades. Hacerme pasivo en el mundo, negarme a actuar sobre las cosas y sobre los Otros, es también elegirme”. Pero en Las palabras vemos que el filósofo expresa su pensamiento, sacudido por la angustiosa y vulnerable impotencia existencial:

“Durante mucho tiempo tomé mi pluma como una espada, ahora conozco nuestra impotencia. No importa, hago, haré libros; hacen falta; aún sirven. La cultura no salva a nada ni a nadie, no justifica. Pero es un producto del hombre: el hombre se proyecta en ella, se reconoce: solo le ofrece su imagen este espejo crítico. Por lo demás, este viejo edificio en ruinas, mi impostura, es también mi carácter; podemos deshacernos de una neurosis, pero no curarnos de nosotros mismos”.

               En momentos en los que la humanidad se siente amenazada por la crisis económica (capitalismo desmedido), crisis política (Venezuela, Irán, Corea del norte , Cuba e Israel) y crisis de valores (positivismo llevado a su máxima consumación), es preciso desempolvar la esperanza que el resto de Israel mantuvo y proclamar que el Amor reinará cuando los corazones descubran su verdadera esencia. Con esta máxima y con la esperanza del anhelado encuentro, zanjemos el atoro de J. P. Sastre, para que el género humano no solamente cure su neurosis sino que halle su verdadera esencia; a través de sus vías naturales (según Aristóteles: sensaciones; sentido común; imaginación; entendimiento agente; entendimiento paciente; abstracción; conceptos universales y ciencia), y a través de los caminos trascendentales (S.E.). Para ello, los Zaratustras del XXI tendrían que desocupar las parcelas que asfixian la libertad.

Una respuesta

  1. Me parece un buen análisis de la situación😉

    Es realmente preocupante lo que ha pasado, aunque no puedo decir que sea sorprendente.
    Y es casi más preocupante todavía que Obama haya estado varios días sin pronunciarse directamente al respecto y se haya valido de sus “recaderos” para poner en duda la legalidad del proceso electoral.

    Por otra parte es también preocupante e invita a una razonable reflexión la actitud de la Unión Europea al no enviar observadores directos de la situación y no atreverse a materializar con hechos lo fraudulento y violador de estas elecciones.

    Qué motivos impulsan estas extrañas actitudes (o no tan extrañas…) es algo sobre lo que los ciudadanos debemos pensar…

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