La aventura de la fe V

La singladura de la realidad radical

barco6

(Recomendación: leer antes La aventura de la fe I,  II, III y IV)

En cuanto acabé mis estudios de teología me encontré con ¿Qué es filosofía?, de Ortega y Gasset. A modo de conferencias, ¿Qué es filosofía? recapitula el pensamiento orteguiano. He de reconocer que este libro realmente no sólo es uno de los mejores que he leído, sino que ha marcado rigorosamente –como expresaría el filósofo español- mi forma de pensar. A lo largo de la obra, Ortega esgrime cuáles son los hilos que forman el pensamiento filosófico adecuado y, con astucia e ironía, aborda el tema de la realidad:

              “El ser subjetivo sería válido si no existiese una realidad previa al sujeto mismo” “..” “Vivir es encontrarse con el mundo. Si me encontrase, por lo tanto, conmigo, yo existiría, pero ese existir no sería un vivir; sería el existir meramente subjetivo del idealismo” “Mundo es, pues, lo que hallo frente a mí y en mi derredor  cuando me halo a mí mismo, lo que para mí existe y lo que para mí actúa patentemente” “…” “Su nivel -el de la realidad- es inferior al de la modernidad. Nosotros nos instalamos, desde luego, en este nivel, y lo único que hacemos es disputar con los modernos cuál es la realidad radical e indubitable. Hallamos que no es la conciencia, el sujeto, sino la vida, que incluye, además del sujeto, el mundo. De esta manera, escapamos al idealismo y conquistamos un nuevo nivel.”

              Y Ortega, remando, uniforme y cortésmente, va más allá en su conjetura: “el problema de lo dado e indubitable no es la filosofía, sino su dintel, su capítulo preliminar”. Y, de esta manera, tras hacer una crítica áspera al filósofo idealista, lanza su exclusiva filosófica: el nuevo hecho o realidad radical es nuestra vida”, apostillando que “la realidad única, indubitable es precisamente el vivir y no el mero cogito idealista”.

             Ortega, de modo concreto, define la filosofía como el encuentro de buscar la verdad. En su obra literaria, el filósofo español mantiene un afán que vertebra su pensamiento; capturar el universo, que es el conocimiento de lo que existe, y no únicamente el conocimiento de lo que vemos. Por eso, en Historia como sistema asevera que la filosofía busca al mundo en su integridad:

“La vida humana es una realidad extraña, de la cual lo primero que conviene decir es qué es la realidad radical, en el sentido en el que a ella tenemos que referir todas las demás, ya que las demás realidades, efectivas o presuntas, tienen de uno u otro modo que aparecer en ella”.

              Llegados al pensamiento orteguiano, recordando el capítulo anterior, es hora de remar mar adentro. Quedamos que para amar primero teníamos que conocer.  Conocer nuestro derredor y, consecuentemente, amarlo. Conocer la entraña del universo y, por ende, amarla.  Conocer a fondo la realidad y, por ende, amarla. En esto quizás estemos de acuerdo todos, pero, ¿conocer y amar qué derredor? ¿Conocer y amar qué universo? ¿Conocer y amar qué realidad? Y, en otras palabras, ¿cuál es la realidad más fundamental, la más radical para el género humano?

              El filósofo español nos revela este misterioso enigma, que venimos arrastrando desde que comenzamos a formularnos nuestros interrogantes, respondiendo de este modo: –La realidad radical es“mi coexistencia con el mundo”. Con cierto estilo vitalista, tamizado con ingredientes racionales, de Ortega podemos desdeñar ya una aproximación a nuestra conclusión: los cimientos de la realidad radical lo fragua cada uno, en su caminar diario. Ciertos –sólo ciertos- elementos kantianos reverberan en el pensamiento de Ortega; la autonomía, la conciencia y la libertad son un trípode indispensable para toparnos con esa isla llamada realidad radical.

             Por ello, nada que se impone llega a persistir. ¡Nada que es consignado llega a ser realmente amado! El peregrino, en su andadura, va encontrándose con esa realidad que armoniza con sus realidades más íntimas: dimensión corporalsoma-; elementos psíquicos o intelectuales  –psique-; y mundo de los valores o espiritualpneuma-.  En otras palabras, la vida es la realidad radical en sentido metafísico:

“El tema de nuestro tiempo consiste en someter la razón a la vitalidad, localizarla dentro de lo biológico, supeditarla a lo espontáneo. Dentro de pocos años parecerá absurdo que se haya exigido a la vida ponerse al servicio de la cultura. La misión del tiempo nuevo es precisamente convertir la relación y mostrar que es la cultura, la razón, el arte, la ética, quienes han de servir a la vida”

             ¡Esto es inédito! A diferencia de otros modernistas ¡¿la cultura sirve entonces, meramente, de soporte?! ¡¿Es la cultura forma y no materia?! ¡¿accidente y no sustancia?! ¡¿Instrumento, conducto, acueducto, herramienta, maquinaria, dispositivo, utensilio, artificio, tubería, canal, cauce, intercesión o simple mediación?! ¡La vida, ahora, es, por tanto, fundamento, sentido, materia, contenido, sustancia, argé, entidad, principio, esencia, alma, entraña, médula, espíritu, corazón y, en definitiva, ser ! Pero, ¿hay que vivir sin más?; ¿la vida vivida sin desmedida no desemboca en la futilidad de la muerte?

              El arte de Ortega, precisamente, reside en la respuesta que, de modo automático, daría a esta pregunta. El intento de conjugar el racionalismo y el vitalismo, es decir, la razón y la vida, es lo que hace que un hombre se disponga virtuosamente y emprenda su camino existencial. El precio que tuvo que pagar Ortega por esbozar este orden argumental es haber sido catalogado por sus colegas alemanes como el filósofo raciovitalista y, además, perspectivista. Decimos precio, porque las etiquetas no eran plato de buen gusto para este pensador.

             Pero ojo, el perspectivismo de Ortega no significa que el ser humano esté abocado al vaivén del relativismo, como algunos interpretan de su obra. La perspectiva supone al hombre ver la realidad desde un plano determinado. Perspectiva es admitir lo positivo de la búsqueda de otros aspectos, caras, facetas y aristas de un poliedro. ¿Con qué finalidad?  Con la de acercarse, cuanto más mejor, a su entera realidad:

“La realidad, pues, se ofrece en perspectivas individuales. Lo que para uno está en último plano, se halla para otro en primer término. El paisaje ordena sus tamaños y sus distancias de acuerdo con nuestra retina, y nuestro corazón reparte los acentos. La perspectiva visual –sentidos- y la intelectual –razón-  se complican con la valoración –valores, sentidos y fundamentos de la vida-. En vez de disputar, integramos nuestras visiones en generosa colaboración espiritual, y como las riberas independientes se aúnan en la gruesa vena del río, compongamos el torrente de lo real” (Verdad y perspectiva).

              Pero si todavía nuestra brújula esta desorientada, Hans Küng explicita, en una línea orteguiana –que sepamos, inconscientemente-, el destino de nuestra singladura:

 “¿La realidad? Realidad es todo lo real, todo lo que es, todo ente, es decir, la totalidad de los entes, y en este sentido, el ser existente en cuanto tal. No vamos aquí a analizar detalladamente qué es realidad. No es posible definirla de antemano. Pues lo omnicomprensivo es por definición indefinible, indeterminable” (¿Existe Dios?).

 

3 comentarios

  1. […] leer antes La aventura de la fe I ; II; III; IV; V; VI; […]

  2. […] leer antes La aventura de la fe I ; II; III; IV; V; […]

  3. pues bien.
    como diria garcia morente existe filosofia porque vivimos la filosofia realmente.
    andreata…

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