Desenmascarando Ágora

Alejandro Amenábar ha desenterrado a un personaje que la Ilustración puso de moda: Hipatia. Sin embargo, son escasos los documentos históricos que escenifican su vida. La profundización en el contexto histórico de aquella época se convierte en la única vía para enjuiciar la veracidad de la película.

Decía Gadamer que para vislumbrar el verdadero espíritu del texto “el hombre intenta comprender su pasado”, pues “le conduce a comprender su realidad desde una situación hermenéutica determinada que se caracteriza no por un enfrentamiento entre hombre y situación”. ¿Habrá tenido en cuenta Alejandro Amenábar  este camino al elaborar Ágora? Si tenemos en cuenta que el único testimonio que tenemos de la vida de la filósofa Hipatia es la sucinta carta escrita por Silesio, nuestra respuesta sería negativa. Entonces, ¿hasta qué punto la película puede ser considerada histórica? 

La polémica vertida en los últimos días sobre este personaje que, endemoniado por un lado y divinizado por otro, se podría abordar con rigor si tuviéramos más fuentes históricas. Pero, puesto que no podemos responder a la pregunta fundamental que dictaminaría si la película está basada en acontecimientos ficticios o históricos, el tema solo podemos abordarlo de dos modos. De una ladera, profundizando en los estudios que algunos historiadores han desarrollado sobre Hipatia; de otra, poniendo sobre el tapete el contexto histórico de la Alejandría y, por extensión, del cristianismo de aquella época. El entorno de la filósofa es, probablemente, lo que ha movido al cineasta Amenábar y a otros muchos novelistas a escribir sobre Hipatia.

El perfil de Hipatia

La imagen de Hipatia que presenta Ágora, como víctima del fundamentalismo cristiano y su deliberado asesinato que aseguró el fin de la ciencia y comienzo de la religión, no es un argumento unánimemente acogido por los expertos. La falta de consenso se fundamenta en que la filósofa pagana aparece por primera vez en la literatura europea del siglo XVIII, momento en el que la Ilustración exaltó su figura.

 

      Según  los estudios de la Catedrática de Historia Romana Antigua en la Universidad de Jagelónica de Cracovia, María Dzielska, John Toland y Voltaire son quienes glorificaron la historia de esta bella mujer. Según la Catedrática, este último “explota la figura de Hipatia para manifestar la repugnancia que le inspira la Iglesia”. No obstante, Dzielska asevera que “las versiones reduccionistas de Toland y de Voltaire sobre Hipatia marcan la génesis de una leyenda que mezcla verdad y falsedad”.

      En esta misma línea, Dzielska se atreve a señalar que “esta víctima de la razón: también busca a Dios a través de la revelación religiosa” “…” “posee una gran delicadeza moral y defiende el ascetismo tanto como los cristianos dogmáticos que Voltaire y otros representan como implacables enemigos de la verdad y del progreso”.

     Si nos vamos a la otra ladera, las conclusiones del historiador inglés Edward Gibbon son bien distintas a las de María Dzieska. Para él, como para otros escritores que han secundado en sus novelas esta teoría, el fundamentalismo cristiano ha sido la causa principal de la caída de la antigua civilización. Y a partir de él nos podremos topar con escritos de autores españoles como R. Buenaventura, P. Gálvez, E. Vaquerizo, J. A. Martos, O. García, G. Díaz, P. Pedraza, R. Galí, J. Poyato o C. Martínez Maza que proyectan esta mismo visión.

      A pesar de estas manifestaciones sobre la manipulación o veracidad histórica de Hipatia, nadie objeta que fue una mujer erudita y filósofa de Alejandría y que murió en el año 415. Aparte de sus intuiciones, casi todos los historiadores le atribuyen las obras escritas por su padre Teón y los comentarios de Almagesto de Tolomeo. Asimismo, las cartas de Sinesio son los únicos testimonios directos que tenemos del pensamiento de Hipatia que ha llegado a nuestros días. Pero lo que, precisamente, narra Silesio en sus cartas es cómo descubrió en el neoplatonismo de su maestra Hipatia una manera de reconciliar la filosofía griega y pagana con el cristianismo.

 

La motivación de Amenábar  

Como venimos dejando entrever en las líneas anteriores, es muy difícil de determinar hasta qué punto la veracidad de la película de Alejandro Amenábar. Hay datos históricos que caen por su propio peso, pues ni en aquel tiempo se incendió la Biblioteca de Alejandría (ocurrió 25 años antes con el emperador romano Teodosio I el grande) ni el cristianismo celebró el funeral de la filosofía griega, como se intenta exhibir.

     Desde esferas tan altas como la de los Padres de la Iglesia hasta las comunidades cristianas más sencillas intentaron transmitir el cristianismo utilizando como herramienta la filosofía griega, con el mismo método que usó Pablo de Tarso en Atenas. El cristianismo no derrumbó el edificio filosófico y cultural que construyeron los griegos y los romanos. Por el contrario, se sirvieron del mismo para desarrollar los contenidos teológicos (de Aristóteles y Platón) y la estructura eclesial (del Derecho romano). Así, desde su origen, el cristianismo se dejó impregnar de lo mejor de la cultura judía de un lado, y pagana (romana y griega) de otro.

     No obstante, desde la puesta en escena del emperador romano Teodosio I el Grande (380), el cristianismo experimentó un enorme giro copernicano: de ser perseguido, en algunos casos, pasó a ser perseguidor. La Iglesia cristiana fue considerada como religión oficial del imperio. De esta forma, los patriarcas de Jerusalén, Constantinopla, Roma, Antioquia y Alejandría tenían tanta influencia que podían erradicar a los intelectuales que pensaban de modo distintos, siendo considerados como herejes. 

     Tras la muerte de Teófilo, enérgico patriarca que conquistó Alejandría e impuso la paz y el orden social cristiano, se disputaron el patriarcado Timoteo y Cirilo. Lo ganó este último, mostrando una notable continuidad y adhesión a la política de Teófilo: presión contra los paganos, herejes y judíos; apoyo a las grandes comunidades monásticas; cultivo de la alianza religiosa establecida con Roma; fuerte oposición a la creciente influencia del Patriarcado de Constantinopla, íntimo aliado del trono imperial; y persecución a los herejes novacianos, judíos no conversos y nestorianos.

  

      A pesar de que la actitud de Cirilo de Alejandría chirría en la mentalidad actual, hay que apuntar que este personaje también fue un gran intelectual, componiendo obras que atestiguan un conocimiento profundo tanto filosófico como teológico: Comentario al evangelio de San Juan; Glaphyra; Sobre la adoración y el culto en espíritu y en verdad;Contra las blasfemias de Nestorio; Tesoro de la santa y consustancial Trinidad: frente a los arrianos

     Por tanto, aunque no podemos elaborar un texto crítico sin mirar al contexto –ya que eso sería un malévolo pretexto-, el cristianismo coetáneo a Hipatia empezó a observar hechos que, vistos desde hoy, quedan disociados tanto del mensaje de Jesús de Nazaret como de los avances humanistas de la modernidad. En este sentido, Amenábar y Ratzinger han llegado a una misma conclusión: el fundamentalismo religioso que prescinde de la razón es tremendamente peligroso. Así lo destacó el líder católico en su discurso a los académicos de la Universidad de Ratisbona en el 2006.

     No podemos encontrar la verdad histórica de unos hechos haciendo una vaga mirada retrospectiva de la realidad. Hemos de acercarnos a cualquier acontecimiento humano con prudencia y discreción y, como decía el filósofo, “comprender su realidad desde una situación hermenéutica determinada”. Quizá, esta sea la labor del intelectual contemporáneo que, en vez de mirar al pasado con recelo para destruir, se enfrente a un futuro que clama un diálogo interreligioso e intercultural para construir.

Weblografía: Web oficial de la película; Cristianismo primitivo; Ágora; Disección de un asesinato; Desmontándo Ágora; Amenábar y sus ataques al cristianismo; Ágora: Tolerancia, la otra cara de la diversidad; Amenábar recrea el esplendor de Alejandría en Ágora; Ágora: un mundo feliz; Preestreno en el Ágora

5 comentarios

  1. Sí, está claro que es necesario un acercamiento hermenéutico, y que hay pensadores de la historia de un lado y del otro. Pero debe haber hechos en el contexto real histórico que contradigan o favorezcan la película y su historicidad. De todos modos, personalmente pienso que no tiene ningún sentido valorar el tiempo presente por épocas pasadas y contextos muy determinados. Yo no soy cristiano de Cirilo de Alejandría, como pretende dar a entender Amenábar con esta película y en sus entrevistas. Por lo que veo en este artículo y en otros, si hay elementos del contexto real del momento que contradicen seriamente la historicidad de la película. Si a esto añadimos la intención subjetiva del autor. En fin, ¿qué debemos opinar….?

  2. La propaganda y el afecto por Amenábar han mitificado esta película. No hay para tanto, ni en lo histórico, ni en lo cinematográfico. Hay en la ciencia de Hipatia un reduccionismo brutal, y también en lo religioso. Para mi, ” Los otros” es una gran película. Tiene todos los elementos para convencer. De Ägora puede decirse todo lo contrario. Mucho ruido y pocas nueces.

  3. ¿Es lo mismo ágora que areópago?

  4. Estos temas son muy ilustrativos, pero quisiera una definición más clara de lo que es ágora y areópago ¿Es lo mismo o son dos cosas diferentes?

  5. El Areópago era un monte situado al oeste de la Acrópolis de Atenas, sede del Consejo que allí se reunía. Inicio: 480 a. C. – Fin: 425 d.C. El consejo del Areópago dependía del rey y se componía únicamente de Eupátridas. La influencia de éstos aumentaba a medida que iba disminuyendo el poder del rey, hasta el siglo VII a. C., en el que éstos últimos llegaron a gobernar.

    Hoy, podemos llamar areópago a un sitio donde aprendemos a pensar junto a otros, aprendemos a gobernarnos a nosotros mismos y, desde la libertad de pensamiento, a los demás.

    Pero todo esto, para los cristianos cobra un significado ulterior. Por vislumbrarlo le remito a: http://www.churchforum.org/san-pablo-areopago.htm

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