Galileo resucita en el Museo del Vaticano

La Iglesia romana ha inaugurado una muestra donde se honra los 400 años de Galileo Galilei. La exposición escenifica la contribución en el diálogo entre la ciencia y la fe, impulsado por los teólogos del siglo pasado. No obstante, Roma sigue sin reabrir el proceso que condenó al científico

Galileo retorna a la Iglesia romana, pero esta vez para ser encumbrado en una exposición, llamada Astrum 2009: Astronomía e instrumentos. El patrimonio histórico italiano 400 años después de Galileo, que estará abierta hasta el 16 de enero del 2010 en los museos pontificios.

     La muestra pretende contribuir con las celebraciones del Año Internacional de la Astronomía, promovido por las Naciones Unidas. En la exposición se pueden admirar cerca de una centena y media de objetos relacionados con el científico: instrumentos, mapas, manuscritos, cuadros, códices y libros que abarcan la evolución de la ciencia astronómica desde sus primeros descubrimientos hasta la llegada del hombre a la luna.

     Pero el centro de la exposición lo ocupa la figura de Galileo, donde se observan recuerdos de su trayecto científico, como una réplica del telescopio en el que hizo sus primeras observaciones, las lentes de cristal de Murano que utilizaba para sus catalejos, o el borrador autógrafo de Sidereus nuncius sobre el descubrimiento de los cuatro primeros satélites de Júpiter.

     Concretamente, la muestra se divide en siete secciones: los instrumentos de la astronomía antes del telescopio, los telescopios de Galileo, la óptica italiana del siglo VII, los primeros observatorios italianos astronomía y cartografía celestial, el nacimiento de la astrofísica y el capítulo No sólo la astronomía.

 

 

     Durante la presentación de la exposición, Tommaso Maccaro, presidente del Instituto Nacional de Astrofísica (INAF), ha destacado los elementos más importantes de la muestra. Para él, es pedagógico e ilustrativo que la exhibición se abra con una sección dedicada a los instrumentos existentes antes de que Galileo comenzase a estudiar la Luna, “cuando las observaciones se hacían mirando, hasta llegar a los complejos aparatos de hoy día”.

     Maccaro subrayó la importancia de estos objetos para la astronomía, pues “nos hacen comprender que la Tierra y el hombre no ocupan una posición privilegiada en este universo”. Pero, lo que de la figura de Galileo interpela decisivamente al hombre de hoy son sus observaciones, ya que según el científico, “validaron el modelo copernicano y la consiguiente revolución en la concepción del mundo”

 

 

 

La restitución de Galileo

Esta visión positiva de Galileo y de Copérnico no ha sido la misma en la sociedad de antaño. La posición de la Iglesia romana sobre el conocimiento empírico antes del Concilio Vaticano II, y la influencia eclesial en todas las esferas de la sociedad, demonizaron a este científico.

     En efecto, Galileo Galilei fue condenado por el Tribunal de la Santa Inquisición por haberse adherido a la teoría de Copérnico, quien sostenía que el Sol era el centro del Universo, en contra de la teoría de Ptolomeo que conjeturaba a la Tierra como núcleo del firmamento. Por ello, en 1616 se abrió el juicio a Galileo a partir de las denuncias del dominico Tommaso Caccini, concluyendo en 1633, momento en el que el científico fue obligado a abjurar de sus conocimientos.

     El presidente del Consejo Pontificio para la Cultura, el arzobispo Gianfranco Ravasi, ha señalado que la exhibición escenifica la restitución de este astrónomo, ya que muestra la compatibilidad entre el saber científico y el teológico, “magisterios paralelos y no en conflicto”. Asimismo, Ravasi ha recalcado que el Vaticano considera que, tras la rehabilitación de Galileo Galilei por Juan Pablo II en 1992, los tiempos ya “están maduros” para una nueva revisión de su figura, “a quien la Iglesia desea honrar”.  

 

 
     Fue el 31 de octubre de 1992, a los 350 años de su muerte, cuando Juan Pablo II rehabilitó solemnemente a este científico y criticó los errores de los teólogos de la época que dieron pie a tal condena. No obstante Karol Wojtyła pasó de puntillas por el proceso condenatorio de Galileo, pues no descalificó expresamente al tribunal que lo sentenció. Pero Wojtyla sí que ensalzo a este científico en un discurso de 13 páginas, leído en la Sala Regia del Palacio Apostólico, ya que lo calificó de “físico genial” y “creyente sincero”, “que se mostró más perspicaz en la interpretación de la Escritura que sus adversarios teólogos”. 

     Sin lugar a dudas, esta exposición es la escenificación de que la Iglesia de Ratzinger  no se arrepiente de desandar la hostil actitud de Roma hacia el progreso científico, camino que comenzó con mayor agilidad en los albores del Concilio Vaticano II. No obstante, a pesar de que la Iglesia católica haya reculado, el actual papa ha rechazado reabrir un proceso de hace más de cuatro siglos, porque, según Ravasi, “el Tribunal no puede estar siempre abierto”.

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