Abriendo las puertas al mundo de la cultura

Los medios de comunicación de hoy tienen el deber de abrir sus ventanales al mundo del conocimiento y de la educación.  Ellos  influirán en la construcción de la sociedad del siglo XXI. Pero ellos tendrán que responder ante un futuro que exige cambios

El Pensador, Aguste Rodin // letralia.com

“Hay que revincular todos los niveles de la cultura, porque aislar el mundo de las imágenes del mundo de las palabras me parece muy negativo. (…), hay que abrir las puertas a la cultura pero de tal manera que la gente tenga la posibilidad y, las ganas, de utilizar mensajes más complejos y multidimensionales”.

Con estos elocuentes vocablos, termina el sociólogo Alain Touraine una entrevista llamada Sociedad y globalidad. Estas locuciones son esgrimidas desde un pensador que en absoluto se muestra disconforme con el nuevo paradigma de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). Esto no significa que Touraine cree que la reconversión de los medios de comunicación se vaya a fraguar, de modo exclusivo, gracias a estas nuevas tecnologías.

     A lo largo de la historia fueron muchos pensadores los que consideraron que con el empirismo científico la sociedad asistiría  al definitivo paraíso intrahumano. De un lado, así lo pensaron positivistas como Auguste Comte (Discurso sobre el espíritu positivo) o Karl Popper (La lógica de la investigación científica); de otro, utilitaristas como Jeremy Bentham (Introducción a los principios de la moral y la legislación) o John Stuart Mill (System of Logic). Esta cosmovisión confirió a la segunda mitad del siglo XIX un aire optimista. Sin embargo, en él se escondía una profunda contradicción, porque al mismo tiempo concebía al hombre como un elemento más del mundo natural. De ahí, que dicho hálito optimista, se esfumara del planeta en los albores de la Primera Guerra Mundial.

     Desde la cornisa de la economía se apoyó a la revolución industrial y a los avances más insospechados de la técnica. Adam Smith y David Ricardo pusieron el germen del liberalismo económico sobre un mapamundi donde, para ellos y sus correligionarios, las naciones existentes eran las que se mostraban solícitas a la oferta y a la demandad.  Como consecuencia de esta doctrina tan sumamente reduccionista, se rebasaron las desigualdades sociales, emergiendo una clase obrera explotada por los intereses de aquel rey bautizado como Capital. La tercera consecuencia fue la del socialismo marxista, que levantaba la intempestiva bandera de un materialismo histórico, que seguía considerando al ser humano como un mero producto material.

     En la entrevista Sociedad y globalidad, Alain Touraine se posiciona contra el determinismo tecnológico. Para nuestra  deliberación, decir que “las tecnologías modernas no son determinantes de lo que no es tecnológico”, es dar especial importancia a los recursos humanos que son inexorables para cualquier empresa informativa o no informativa; es regir al hombre como ángulo principal de su actividad en el mundo; es darle un lugar privilegiado en el mundo natural, en el progreso artificial y en todo su derredor.

Nos preparamos para afontar la "Autopista de la información", pero; ¿sabemos circular en dicha carretera? // sabanet.unisabana.edu.co

     Expongamos la idea de modo más meridiano ayudándonos de un símil. Ningún soporte comunicativo, por muchas cualidades tecnológicas que asuma, es capaz de usurpar la labor del comunicador: la capacidad el productor del programa televisivo con la libre aportación de su capital; la del guionista que moldea la estructura y le da calidad a su producto; la de los actores principales y secundarios del programa, dando forma al edificio diseñado por el director, etc. Estas tareas han de ser realizadas de modo ineludible por el ser humano. Ningún artificio técnico puede menguarla.

     Asimiladas la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos (1776) y la Revolución Francesa (1789) en la Declaración de los Derechos Humanos (1948), todo lo que aquí se cuenta podría ser contrargumentado por muchas voces que nos advertirían que estos problemas parecen estar más que superados. La idea tecnocrática que corona el progreso científico ha pasado a una mejor vida. Su caducidad se ha puesto de relieve en los males del siglo pasado, cuando a veces utilizaba la tecnología y la economía sin sentido ni fin. Pero con la actual crisis económica, tendríamos motivos suficientes como para no claudicar en nuestra argumentación. Ante la devastadora recesión, al menos, podemos poner en duda, que el método de producción de los recursos se haya hecho sin un mínimo de sensatez.

¿Una sociedad tecnocratizada es compatible con una sociedad humanizada? // dialogica.com

     Esta árida reflexión quiere cimentar la idea de que la educación, el mundo del conocimiento y el de la cultura son capaces de abrir las puertas a un mundo donde las utopías se podrían manifestar, radical y tenazmente, en una sinfónica realidad. Muchos de los intelectuales a los que hoy rendimos decorosos honores se han destacado por ofrecer una realidad orquestada por acordes disonantes. En otras palabras, la mayoría de las corrientes filosóficas y de los intelectuales actuales suelen seleccionar ciertos campos de la realidad, desestimando otros. Sin embargo, para acercarnos a un realismo que nos procurase un conocimiento certero y real, tendríamos que sugerir, de forma más taxativa, los distintos métodos y saberes a través de los cuales el ser humano se puede aproximar al conocimiento natural de la verdad: el científico, técnico, fiducial, narrativo y filosófico.                                             

     Entonces, desde las laderas intelectuales que hoy intentan imponer su visión limitada y parcial de la realidad, sería preciso recordar que la ciencia empírica no es el único modo de saber, aunque su método engrandezca la comprensión de determinados objetos; que la tecnología se ha convertido en el principal factor de transformación de la vida natural, acomodando todos sus triunfos a las exigencias humanas; que la fe religiosa ha jugado y jugará un papel determinante en el conocimiento que el hombre tiene de sí mismo y de todo lo que le rodea; que el arte, la literatura y el cine abren la perspectiva humana a otros ámbitos del conocimiento menos sistematizados que nos pone delante las ideas, vivencias, motivaciones e impresiones de los diversos seres humanos pobladores de la Tierra; que la filosofía, ayudando a la reflexión, tiene la función de articular la pluralidad de los saberes, dándole a cada uno la misión que le corresponde para una íntegra comprensión de la cosmovisión de la realidad; y que el derecho tiene el cometido de positivar las verdades más fundamentales que afectan a la convivencia del hombre. 

     En este orden de cosas, es momento de señalar a los medios de comunicación como a aquellos que tienen la labor de exponer al mundo de hoy el depósito de sabiduría que comprende la historia de la humanidad. En la actualidad, el ágora más atractiva para exhibir contenidos es la de la televisión. Lo que los teóricos llaman desde el neologismo infotenimiento no es más que adaptar las siguientes palabras de Ortega al mundo de la comunicación: “La cortesía del filósofo (comunicador) reside en exponer ideas complejas de manera sencilla”.

      De aquí viene la responsabilidad que señala Alain Touraine, al hacer una llamada a revincular la cultura a la nueva Sociedad del Conocimiento y de la Comunicación que, no olvidemos, todavía está por fraguarse. La idea de que la radio y “el periódico es (son) la plazuela intelectual” (Ortega) ha de ser injertada también en el soporte televisivo y en el internauta. Mientras que el segundo, pese a su corta vida, tiene mucho andado en lo que se refiere al conocimiento; la televisión aún ha de experimentar un giro copernicano.

 

Ante la contaminación de contenidos triviales e ignominiosos; la tv a la carta olisquea el conocimiento y la educación en libertad // generacionesinteractivas.org

     Aparte de ofrecer espacios donde los usuarios se alimenten de diversión y humor, e incluso encuentren un momento de evasión de la, a veces, tosca realidad; los mass media tienen la labor de poner en conocimiento las necesidades más acuciantes demandadas por los hombres de hoy. Para responder a esta misión, que consiste en abrir las puertas al mundo de la cultura, la decisión más apremiante que se debe tomar es la dar respuestas a las situaciones concretas y larvadas que vive hoy la humanidad:  

     1.- Ante las agresiones del medio ambiente (contaminación de océanos y ríos; sequía; deforestación; deterioro de la atmósfera); crear la cultura ecológica, que salvaguarde los recursos naturales.

     2.- Ante las agresiones al género humano (explotación laboral y sexual de niños, marginación y explotación de inmigrantes, mujeres, parados y ancianos); fraguar la cultura ecológica humana donde se reciban nociones sobre la verdad y el bien; sobre qué significa ser una persona.

      3.- Ante las agresión que los países desarrollados hacen a los del Tercer Mundo (800 millones de desnutridos; personas que pasan hambre; 1.000 millones de personas que viven en pobreza extrema, de los 6.000 millones que habitan nuestro planeta); establecer la cultura de la solidaridad, que suscite medidas que luchen contra la desigualdad tan estigmatizada entre el Norte rico y el Sur pobre.

     4.- Ante la agresión de la violencia (refugiados; personas desplazadas; detenidos sometidos a tortura; personas privadas de libertad sin cargos con delito alguno; ejecuciones orquestadas por estados; asesinatos; violaciones; atentados; guerras; etc.); promover la cultura de la paz, tarea ineludible del género humano.

     No aprovechar espacios educativos, que promovieran el conocimiento y la innovación, sería apostar por una sociedad abocada al fracaso de las sombras. Sombras que insospechadamente se hicieron muy presente en la era industrial. En la mano de muchos comunicadores está que el sol predomine en el sendero de una sociedad, que ha empezado a vislumbrar el nuevo paradigma de las Tecnologías de la Información.

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