Famoso por un par de zapatos

No fue ni el lanzamiento de cohetes, ni mucho menos de ojivas nucleares. Pero, por sus zapatos, el periodista se transformó en uno de los grandes. ¿Le salió caro o barato, a Muntazer al Zaidib, ser héroe en Irak; por el módico precio de un calzado y unos meses en el penal?

Muntadar al Zaidi, el periodista iraquí condenado // elmundo.es

El 14 de diciembre de 2008 fue un día que transformó la vida de Muntazer al Zaidi, periodista iraquí que capturó la atención mundial al lanzar sus zapatos al entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush. Aunque Bush hizo muestra de su elasticidad y buen humor, esquivando el calzado y esbozando una sonrisa, no impidió que este acontecimiento se convirtiera en una noticia de portada en los medios de comunicación de cualquier país.

   En aquel momento se había gestado un nuevo héroe para los iraquíes, que no sólo se conformó con sus osados lanzamientos, sino que farfulló unas palabras que acompañaban a su hazaña: “este es el beso de despedida del pueblo iraquí, perro”. Primer zapatazo. “Esto es por las viudas y por los huérfanos y por todos los asesinados en Iraq”. Segundo chupinazo. Tanto el acto de proyectar los zapatos sobre el rostro de alguien, como el gesto de calificar a una persona de perro, son sergas que discurren ofensivamente en el mundo árabe. Por ello, de ahí en adelante, este periodista tan ignorado por sus compatriotas, se convirtió en todo un símbolo para sus correligionarios, que halagaron agradecidamente su alegórico mohín de rechazo a la presencia estadounidense en Irak.

   Mountazer al Zaidi, era un reportero chií de 29 años desconocido mediáticamente hasta aquel domingo invernal, a pesar de haber sido secuestrado durante dos días, por hombres armados, en 2007. Pero ese 14 de diciembre estaba en boca de todos en Irak y, a raíz de su atrevida proeza, comenzó a tener seguidores en los feudos chiíes y en la ciudad santa de Nayaf, donde decenas de ciudadanos escoltaron a los blindados del Ejército de EE UU arrojándoles zapatos.

   Entretanto, su nombre cruzó fronteras, no sólo por su trascendencia mediática: una organización caritativa libia, presidida por la hija de Muammar el Gaddafi, premió a Al Zaidi por su “valentía”, mientras que la milicia chií libanesa Hezbolá y varios diputados egipcios le calificaron de héroe.

   Contextualizando su percepción política, para comprobar su enemistad con el anterior régimen, basta decir que la familia del periodista fue incluso víctima de la feroz represión del dictador Sadam Husein. Pero, no por esto, Al Zaidi dejaría de rechazar visceralmente la presencia de EE UU en el país, a la que acusaba de haber dejado decenas de miles de muertos y huérfanos. A causa de ello, incoaba sus trabajos periodísticos sabiendo que él era ciudadano iraquí, sin alejarse de dicha perspectiva y rol.

George W. Bush, haciendo muestra de sus excelentes reflejos // adn.com

   Para él, resultaba ridículo guardar esa, a veces, neurótica equidistancia que muchos periodistas ostentan guardar, como si se tratará de una cuestión de vida o muerte profesional. Para Al Zaidi, franquear ese velo del templo periodístico no era solamente un antojo o autocomplacencia personal, sino que un deber al que tenía que responder con obcecada lealtad. En su escala de valores primaba la justicia y la dignidad antes que una abstrusa ecuanimidad.

    Salvaguardando estos principios, que le servían para salir a la calle diariamente, y observar y bosquejar la realidad circundante, cerraba sus crónicas televisivas desde el, a su juicio, “ocupado Bagdad“. Asimismo, pospuso su boda hasta que los estadounidenses se fueran de Irak. Un periodista que trabajaba con él, expresaba así la simpatía de este colega por los norteamericanos: “Los detesta. Detesta a los soldados y detesta a Bush”. Varios de sus compañeros comparecieron para exponer que el nuevo héroe iraquí llevaba varios meses preparando su lanzamiento: “Siempre decía, desde hace siete meses, que si algún día tenía la oportunidad, iba a estampar sus zapatos en la cara de Bush”.

    ¿Le mereció la pena todo este tinglado? Una pregunta que queda ahí en suspense si tenemos en cuenta que el periodista apuntaba que lo torturaban de múltiples maneras y que el primer ministro iraquí, Al Maliki, ocultó la verdad, según avisó a la cadena de televisión iraquí Al Bagdadiya, para la que trabajaba. No obstante, su juicio comenzó el 19 de febrero de 2009, siendo puesto en libertad el 15 de septiembre de 2009. Si no hubiera sido por las presuntas torturas, cuantiosos colegas suyos, no lejos del espasmo y de la envidia, hubieran ido a su prisión, preguntándose lícitamente a los cuatro vientos, esta oda, que en absoluto pretende ser ni sarcástica ni mordaz: ¿le salió caro o barato // ser héroe de Irak // por el módico precio de unos zapatos // y unos meses en el penal?  

En Tikrit, Irak, el pueblo donde nació Saddam Hussein le hicieron un monumento a el zapato que fue lanzado a Bush en Irak // punksinodos.com

Una respuesta

  1. Al final los Iraki salieron de Guatemala para meterse en Guatepeor, Quien sabe si el numero de las Victimas de la son Mayor a las muertes producidas por la dictadura de Saddan. NO JUSTIFICO NI A UNO, NI EL OTRO.

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